Salir de la zona de confort para cambiar

Cambiar, salir zona de confort
Disponer de lo suficiente para moverse desde esa situación de inmovilismo, alimentada por tranquilidad, despreocupación y confort temporal, lo que hace que se permanezca en ella, aunque vivimos un mundo donde lo constante es el cambio.

La zona de confort da abrigo y hace que se sienta seguridad, en parte por encontrarse en ella todo aquello que se conoce, y en la cual la persona llega a sentirse parte de esos ambientes en los cuales está a gusto.

Vivimos en un mundo en permanente movimiento y cambio, lo que nos supone que para estar en situaciones adecuadas nos hemos de mover y cambiar, aunque situaciones momentáneas nos aporten tal grado de comodidad que nos atraen y nos hagan permanecer en ellas, apartándonos de lo natural, que es el cambio.

Normalmente nuestro cerebro tiende a ponernos en situaciones en las que tratamos de esquivar las perdidas, minimizar el riesgo y evitar el daño, lo que puede convertirse en obstáculos en lugar de virtudes, para la persona, por lo que en algunos momentos supone de inmovilidad, por el miedo a lo nuevo o a perder la situación en que se está.

Corresponde a cada persona saber cuándo ha de pensar y actuar de forma contraria a las tendencias nativas de su cerebro, para cambiar. El miedo no existe en otro lugar excepto en la mente, aunque hay amenazas y peligros que se han de evitar para conservar la vida.

La adversidad tiene el don de despertar talentos que, en la comodidad hubieran permanecido dormidos, a pesar de que en un comienzo se proyectan situaciones que gustan poco, las proyecciones de recompensas de resultados futuros hacen que se asuman esas incomodidades iniciales.

El cerebro de cualquier persona normalmente le impulsa a que se sienta segura en el entorno en que vive, y cuando haya conseguido eso, cambiar le produce inestabilidad. Esa inestabilidad constituye una amenaza para un cerebro feliz, por el esfuerzo inicial que le puede suponer, aunque esa misma estabilidad de forma continua le pueda conducir a la muerte por falta de adaptación a un mundo cambiante.

La zona de confort en parte está formada por barreras personales constituidas por normas y límites que una persona se pone a sí misma a consecuencia de sus creencias, comportamientos, actitudes, capacidades, experiencias, etc., siendo esas barreras “razonables” y comunes.

A pesar de la tendencia natural a permanecer en esas situaciones de inmovilismo y comodidad instantánea, sin ser conveniente para un medio y largo plazo, resulta más adecuado:

– Pararse a pensar antes que simplemente reaccionar a los estímulos aportados por las circunstancias del momento, dándose tiempo para reflexionar sobre las implicaciones de ciertas acciones para que pueda ir mejor, de como se está.
– Conviene tomar consciencia sobre las influencias de las creencias sobre los pensamientos actuales, puesto que son muchas las creencias que generan resistencias al cambio, pudiendo, mediante la reflexión, cuestionar muchas de las actuales creencias, por ser poco apropiadas, lo que podría facilitar un cambio progresivo.
– Con frecuencia un cerebro feliz, haciendo uso de su comodidad, tiende a juzgar basándose solo en la información de más fácil acceso, al tiempo que se predispone a que la posición tomada con dicha información sea poco correcta. Se necesita esfuerzo y humildad para poderse posicionar en situaciones más adecuadas.

Aunque las zonas de confort y de lo conocido, nos parezcan como lo mejor para nuestras vida, resulta que el salir de tales situaciones, normalmente, nos aporta crecimiento que nos llevará a tener mayores expectativas, aumentar nuestras habilidades y tener una vida más satisfactoria en todos los sentidos.

Para decidirse a salir de la zona de confort conviene ponerse en experimentar nuevos comportamientos, pudiéndose dar cuenta de los resultados favorables que se obtienen.

Es importante querer mejorar la vida obligándose en un momento u otro a salir de la zona de confort, por haber tomado conciencia de que hay algo que no satisface y que se quiere cambiar y mejorar. Este es el primer gran paso para la superación.

El coaching acompaña a salir de la zona de confort y al cambio para que las cosas puedan fluir más fácilmente, ayudando a identificar los cambios más adecuados que se requieren en cada momento.

Aunque resulte más cómodo vivir situaciones conocidas, de cierta estabilidad y confort, conviene tener la motivación y la iniciativa para emprender cambios, que aunque en un comienzo supongan esfuerzos y sean pequeños, a medio y largo plazo serán lo más adecuado para una vida más rica en emociones, conocimiento y perspectivas, al tiempo que también se podrá crecer y evolucionar a una mejor versión de uno mismo.

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