Emoción para Aprender

AprenderAprendemos aquello que nos motiva, nos interesa y nos emociona, por lo que es fundamental cuidar el entorno para disponer de un ambiente donde se cree interés, se sientan emociones y se genere motivación.

Se ha de cuidar que el entorno para el aprendizaje sea emocionalmente estable, agradable y enriquecido con los estímulos adecuados en cantidad, calidad y tiempo.

Resulta adecuado mantener un equilibrio en los estímulos, puesto que una sobre estimulación o un ambiente muy alterado emocionalmente, puede conseguir un efecto contrario, es decir, bloquear el aprendizaje, ya que genera estrés y disminuye el control de las emociones.

Las emociones acompañan, como estímulos fieles, para discernir entre lo peligroso o amistoso, entre lo que aburre o ayuda a aprender, entre lo que se anhela o lo que no va con uno. Hacen que los datos queden grabados de forma intensa, mejorando la capacidad de retención y de aprendizaje. Un aprendizaje sin emociones resulta difícil de retener, aburre y desmotiva.

A quien no le ha sucedido, que hay cosas como que cuesta mucho aprenderlas, por más anhelo y esfuerzo que se ponga en ello, al tiempo que otras cosas, de poca importancia, sorprenden como se nos graban en nuestro cerebro, pues están relacionadas con alguna emoción importante para nosotros.

Las emociones han tenido un papel evolutivo en agilizar el aprendizaje y la memoria. Todo acontecimiento o datos asociados al mundo emocional tienen una impronta cerebral profunda.

Educar las emociones supone aprender una serie de técnicas para afrontar los acontecimientos, aunque sobre todo, supone adquirir madurez emocional para poder implicarse en la transformación social a partir de grupos en los que se es aceptado, valorado y al mismo tiempo animado a realizar servicios.

Las emociones son imprescindibles para el crecimiento personal y para la organización de la conducta, ya que su regulación necesita dos elementos básicos: las competencias de conocimientos y el desarrollo de competencias sociales.

En el proceso de razonamiento las emociones son claves para que se discierna entre lo mejor o lo peor, entre lo que aportará beneficios y buenas sensaciones o perjuicios, entre lo que asegura un futuro óptimo, con sensaciones de seguridad o no. Siempre están ahí, haciendo que se sienta qué se hará o como se ha de responder. En los proceso de aprendizajes son importantes, aunque a veces ni siquiera nos demos cuenta de ellas.

Las emociones a nivel cerebral activan la atención, los procesos mentales y de conocimientos, también estimulan los mecanismos sensoriales, captando más o menos todo cuanto nos rodea, predisponiéndonos tanto para la acción como para la inhibición.

Hemos de aprender a desaprender, desaprender lo que nos molesta y hacer limpieza de lo que no nos sirve.

Se necesita tanto la inteligencia intrapersonal como la interpersonal, ambas posibilitan una respuesta personal y singular, un estilo propio ante los acontecimientos significativos de la existencia personal.

Siendo capaz de emocionarse, se podrá emocionar, y con ello se tomará el impulso para moverse hacia ideas y formas de vida más satisfactorias, hacia el propio conocimiento y hacia la autorrealización.

El objetivo del desarrollo emocional de toda persona, en equilibrio, es vivir en armonía consigo misma y con el entorno, compartiendo proyectos comunes con los demás, viviendo en coherencia, con unos valores transformadores, que le permitan construir un modelo mejor de persona y de sociedad, para llegar a ser más digna y más feliz.

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