El Nivel Mental determina el Nivel Emocional en las personas

Lo mental determina lo emocionalNo son los hechos los que nos generan los diferentes estados emocionales, sino el cómo nos los tomamos, es decir, como interpretamos los acontecimientos.

Normalmente se acostumbra analizar a las personas desde tres niveles: el mental, el emocional y el físico. El nivel mental abarca todas las creencias personales, fruto del aprendizaje y experiencia vital, el nivel emocional, toda la variedad de emociones y sentimientos con los que se convive a diario, y el nivel físico, los comportamientos, respuestas y resultados de la interacción con el mundo, que rodea a la persona.

Los tres niveles están influenciados mutuamente hasta el punto que, en ocasiones, es difícil diferenciarlos.

Nos puede dar la impresión que es en el nivel emocional, donde comienza el movimiento de los demás niveles, dando inicio a una secuencia importante para la persona y para su forma de vivir. Existen ciertas teóricas que consideran como iniciador el ámbito mental, que es el que realmente comienza una secuencia que termina en los comportamientos y en los resultados personales.

El nivel mental se asocia con nuestros pensamientos y procesos mentales y en él se almacena toda nuestra programación mental, tal como nuestros sistemas de creencias, patrones de pensamiento, etc., siendo esta la programación con la que funcionamos en el día a día.

Los pensamientos se originan en el nivel mental, normalmente de forma estructurada, por lo que muchas veces son difíciles de cambiar o de transformar, así y todo, lo mental está diseñado para evolucionar y transformarse de manera natural durante el curso de la evolución.

Realmente la emoción es la consecuencia de lo que se tiene en la cabeza, las creencias. Es un reto ver qué se puede hacer con ellas, para poder pasar a la acción con la adecuada motivación y energía, por lo que resulta conveniente aprender a manejarlas y gestionarlas adecuadamente en cualquier entorno de la vida.

Las emociones sin control crean vicios en la mente, generando normalmente hábitos que dañan la integridad y el equilibrio personal.

Es a través del sistema de creencias desde donde la persona establece los filtros mediante los cuales ve el mundo, y en base a lo que ha aprendido, puede juzgar lo que sucede fuera como bueno o malo, positivo o negativo, y como consecuencia de ese juicio, se despierta en la persona su mundo emocional. Según juzgue lo que vea como bueno o como negativo, generará emociones de signo negativo o positivo.

De lo descrito hasta aquí podemos deducir que las emociones que tanto marcan nuestra vida, las motivaciones, las actitudes, incluso la energía con la que se vive, son la consecuencia de lo que se tiene en la cabeza y según ello se sentirá de una u otra forma.

Aunque en muchas ocasiones pensamos que ya hay que vivir con las emociones que se tienen, resultando difícil cambiarlas. Realmente se dispone de más capacidad de actuar sobre las emociones de lo que se cree, puesto que si el sistema de creencias aprendido a lo largo de la vida es el patrón a través del cual se juzga lo que sucede, y el resultado de ese juicio es la emoción que se siente, se puede aprender a analizar y actualizar las creencias para que con ello se pueda cambiar la manera de interpretar y de sentir, y por tanto las emociones no son algo tan estable y rígido como se podría pensar, sino que más bien son más flexibles.

Las personas se suelen identificar tanto con sus creencias que “llegan a creer que son ellas”, aunque normalmente se suele intuir que en realidad se es algo más, tal vez mucho más, de lo que se imagina.

Posiblemente, no es que se tenga pensamientos negativos, más bien se puede afirmar que son ellos los que nos tienen a nosotros, ya que son los que nos causan nuestro malestar emocional, llevándonos de una reacción a otra sin nuestra consciencia y nuestro control.

El bienestar emocional de una persona depende fundamentalmente de no dejarse llevar por los pensamientos automáticos, ya que éstos pueden tener características muy negativas para ella, por todas las reacciones, no adecuadas, que le pueden originar, dado que muchas veces no se basan en hechos objetivos y reales, al tiempo que le hacen que funcione sin que voluntariamente, propicie ni controle las acciones.

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